CRÍA EN CONSANGUINIDAD Vicente Ibáñez |
En la mayoría de nuestros aviarios,
sobre todo si tenemos pocos mandarines, o simplemente tenemos una o
dos parejas, cuando nos crían, nos surgen una serie de
inconvenientes, ya que los pichones, nada más completan su
desarrollo físico, tienen una predisposición a emparejarse
rápidamente. Ahí es cuando nos surgen las dudas, porque en la
mayoría de lo casos, al tener una sola pareja, son hermanos o
familiares entre sí. Y
evidentemente, las dudas empiezan por si puedo o no dejar que estos
hermanos se emparejen.La primera respuesta inmediata es que no, por el problema de consanguinidad evidente que tenemos, y esa debe ser la norma general. Siempre que podamos, si queremos tener a uno de nuestros "hijos" criando, debemos elegir una pareja que no provenga del mismo origen, es decir, de los mismos padres. Si tenéis problemas para adquirir pájaros con otra sangre diferente a la vuestras, o simplemente queréis tener más variabilidad de sangres, en el foro, podéis contactar con gente para intercambiaros "sangre", y así evitaros problemas. La consanguinidad en mandarines, y en pájaros en general, se evidencia de varias formas dependiendo del grado que tengamos; la primera es la muerte de muchos pichones, desde dentro del cascarón hasta ya con unos meses de edad; otras cosas que nos pueden pasar, son defectos congénitos, pérdida de vigorosidad, etc. Pero sin duda la más usual, es la pérdida de tamaño, que se evidencia mucho cuando vamos a las tiendas donde venden la gente particular los mandarines que se crían en casa sin ningún tipo de control. He llegado a encontrar diamantes mandarines diminutos, fruto seguro de muchos cruces entre familiares. La ocasión es inmejorable para "desmitificar" lo que en muchos foros denominan como "Diamante Mandarín Gigante", considerándolo como una mutación especial y al alcance de muy poca gente. Todo lo contrario; evidentemente los diamantes mandarines que encontramos en libertad no son tan grandes como algunos de lo que se pueden observar en criaderos o concursos, pero tampoco tan pequeños como los que se ven normalmente por ahí. Esto lo comento, porque he tenido varias charlas ya con gente de foro y amigos criadores, en los que me comentaban que los mandarines gigantes, estaban en posesión de "cuatro personas" que se dedicaban a criar con ellos sin vender prácticamente nada, de forma que es complicadísimo adquirir uno de ellos. Yo le contesté que evidentemente son cuatro personas porque hace unos años, seguramente estas personas eran las que se dedicaban a la cría del mandarín más enfocado a concurso. Todo
lo que hemos visto hasta ahora, son inconvenientes a la hora de
criar en consanguinidad. Pero también hay una serie de posibles ventajas
que conviene no descartar, y en ocasiones conviene incluso usarlas
por el beneficio que nos proporcionan.La primera ventaja sin duda, es la fijación de mutaciones, caracteres, etc., que nos interesen por cualquier motivo, ya que como bien explicamos en el apartado de génetica, este tipo de cruce nos garantiza un éxito mucho más elevado y desde luego más rápido. Os pongo un ejemplo práctico; tenemos una pareja de padre pecho negro y hembra gris. La manera más rápida de obtener pechos negros, es juntando a las hijas con el padre. Lo mismo pasa cuando obtenemos un gran ejemplar, por ejemplo macho, y queremos intentar preservar las características que tiene; la probabilidad más elevada de que esto suceda, es ponerlo con la madre. La cría en consanguinidad incluso no es del todo perjudicial si lo hacemos con conocimiento, intentando cada ciertas generaciones refrescar la sangre. Para tener un control más exhaustivo e intentar tener una idea de donde queremos llegar, tenemos la tabla de Felch, que mostramos aquí y que pasamos a explicar en el siguiente artículo. En ella tenemos la proporción del padre y de la madre para la transmisión de caracteres, en el caso de que busquemos algo en concreto. Así, si queremos intentar tener los máximos machos iguales al padre de la línea, seguimos sus indicaciones y vemos en cada caso la proporción del padre y la madre que tenemos, de forma que podemos "limpiar de consanguinidad" a un pájaro, aún en consanguinidad. |
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